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Para los amantes de los placeres, la gastronomía es un arte y Mendoza es el lugar indicado para disfrutar de excelentes sabores. Esta hermosa provincia ofrece infinidad de posibilidades tanto para la cocina gourmet como para la cocina regional, habiéndose convertido con los años en un polo gastronómico regional y nacional. Una serie de productos locales, asociados a los cultivos mediterráneos como la vid, el olivo y distintos frutales, sumados a las exquisitas carnes de chivo, cordero y ternero, como también las de salmónidos, pejerreyes y truchas, son sólo alguna de las posibilidades que podrán disfrutar quienes visiten Mendoza.
La identidad gastronómica de los mendocinos se ha forjado, en parte, por las costumbres culinarias que trajeron los inmigrantes llegados a estas tierras. Mantuvieron y recrearon recetas, y las mixturaron con la cocina criolla. Lentamente, a la ya sólidamente instalada propuesta de cocinas españolas e italianas, se han ido agregando de manera creciente propuestas de comida mexicana, árabe, japonesa, hindú, e incluso alternativas latinoamericanas específicas, como las de cocina peruana o boliviana. Claro que el alimento no sólo está determinado por los gustos, sino también por los tiempos, en virtud de lo cual no está ausente en la propuesta la “comida rápida” al paso.
El Gran Mendoza posee lugares que concentran una nutrida y variopinta oferta gastronómica, entre ellas las avenidas Arístides Villanueva, Colón, San Martín, y la coqueta zona de Chacras de Coria.
La sabrosa gastronomía regional se caracteriza por los usos y costumbres de la región. Las deliciosas carnes que ofrece Mendoza no sólo podrán ser disfrutadas en restaurantes y parrilladas, sino también en puestos y estancias, en zonas de montaña y desierto, donde el turista podrá participar del ritual que se genera a la hora de asar carne a las brasas o a las llamas. Los paisajes mendocinos son el contexto ideal para el irresistible aroma que producen las primeras brasas, en compañía de dos socios excepcionales, un buen vino y una picada amistosa. En una picada son infaltables las exquisitas aceitunas mendocinas, las opciones son variadas: condimentadas, enteras o descarozadas, rellenas con morrones, almendras, sardinas o queso roquefort.
Otras especialidades vernáculas que es posible saborear en Mendoza son el locro, popular guiso de trigo o maíz con porotos, chorizo, patitas de cerdo, y la clásica fritura que se realiza con cebolla, tomate, ají picante y pimentón. La humita en chala que es una salsa espesa a base de choclos desgranados, tomate, ají, cebolla, leche y pimentón. Por supuesto no pueden quedar fuera del menú mendocino las exquisitas empanadas fritas o al horno, y el sabroso tomaticán elaborado con dulces y aromáticos tomates de chacra, cebollita de verdeo y huevo, degustado junto a un vino blanco frutado.
Las deliciosas frutas mediterráneas como uvas, manzanas, duraznos, peras, ciruelas, cerezas, sandias, melones y alcayotas, complementadas por nueces, almendras y castañas, dan lugar a exquisitos dulces regionales, conservas, confituras, frutas secas y a las tradicionales tabletas mendocinas.
Si algo caracteriza a esta provincia es el maridaje entre la comida y sus excelentes varietales, como el emblemático malbec. Hay un vino para cada preparación culinaria, y es la “tierra del sol y del buen vino” el lugar perfecto para descubrir la combinación perfecta.
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